Las fuentes, y qué puede sostener cada una
Todo lo que este sitio afirma con autoridad sale de alguna de estas fuentes. La lista va con una condición que no suele escribirse: ninguna vale para cualquier cosa, así que cada una dice para qué sirve y, sobre todo, qué afirmación no puede sostener.
Ese segundo campo es el que evita el abuso más común del gremio, que es citar a la NASA para sonar serio. Las referencias están en APA.
Cada ficha cierra con lo que se puede hacer con esa fuente, y hay tres respuestas:
- Dominio público
- se puede citar extenso.
- Se publica gratis y sigue teniendo autoría
- se enlaza y se cita breve, no se reproduce.
- Con derechos vigentes
- se enlaza y se cita breve.
Cálculo
De dónde salen los números. Son las únicas fuentes que respaldan una afirmación de precisión, y no respaldan ninguna otra cosa.
Park et al.
Park, R. S., Folkner, W. M., Williams, J. G. y Boggs, D. H. (2021). The JPL planetary and lunar ephemerides DE440 and DE441. The Astronomical Journal, 161, Artículo 105. doi.org (sitio externo)
Sirve para: Referencia moderna de las efemérides planetarias y lunares, y el patrón contra el que se contrastan las bibliotecas de cálculo. DE440 cubre de 1550 a 2650.
No sostiene: No es la fuente de los cálculos de este sitio: aquí se usa VSOP87 y ELP2000, no una integración del JPL. Citarlo como si fuera nuestro motor sería falso.
Dominio público
Astronomy Engine
Cross, D. (2024). Astronomy Engine [Software]. GitHub. github.com (sitio externo)
Sirve para: Es el motor que usa este sitio. Su proyecto declara mantenerse dentro de un minuto de arco respecto a NOVAS y estar contrastado contra JPL Horizons: esa cifra, y no otra, es la que puede citarse.
No sostiene: No declara un rango de años garantizado. El límite de 1700 a 2200 que aplica esta web es una decisión nuestra sobre dónde lo comprobamos.
Se publica gratis y sigue teniendo autoría
Kaplan
Kaplan, G. H. (2005). The IAU resolutions on astronomical reference systems, time scales, and Earth rotation models (Circular n.º 179). U.S. Naval Observatory. arxiv.org (sitio externo)
Sirve para: El valor oficial de la precesión, y comprobado en el documento: su Tabla 5.1 da una precesión general en longitud de 5028,796195 segundos de arco por siglo en J2000,0, y el texto redondea el ciclo en «unos 26.000 años para completar una vuelta». De aquí, y sólo de aquí, salen las cifras de precesión de las guías. Y, leída el 2026-09-26 para la guía de la parada lunar, la ecuación 5.19 (p. 46): la longitud media del nodo ascendente de la Luna retrocede 6.962.890,5431 segundos de arco por siglo, o sea una vuelta completa en unos 18,6 años. De ahí sale esa cifra. Y en la p. 43, la oblicuidad media de la eclíptica en J2000,0: 84.381,406 segundos de arco, unos 23,44°, que es hasta donde llega la declinación del Sol.
No sostiene: No dice nada del zodiaco sideral ni de las ayanamsas, que son otra disciplina y otra clase de decisión. Y la tasa no es constante (la propia tabla la da con su término de variación), así que citarlo no autoriza a publicar el ciclo con más cifras de las que la fuente redondea.
Se publica gratis y sigue teniendo autoría
Phases of the Moon
Astronomical Applications Department. (s.f.). Phases of the Moon and percent of the Moon illuminated. U.S. Naval Observatory. aa.usno.navy.mil (sitio externo)
Sirve para: La definición del instante de cada fase principal, y leída: la luna nueva, el cuarto creciente, la llena y el cuarto menguante ocurren cuando el exceso de la longitud eclíptica aparente de la Luna sobre la del Sol vale 0, 90, 180 y 270 grados, y la página añade que ésas son las definiciones que se usan al calcular las fases para almanaques y calendarios. Es exactamente la cantidad que mide el ángulo del que sale el calendario lunar de este sitio. Nombra además las ocho fases y marca cuáles de ellas son las cuatro principales.
No sostiene: No reparte el ciclo en ocho bandas de 45 grados: a las intermedias las describe como tramos de alrededor de una semana entre las principales. El corte en ±11,25 grados con que este sitio nombra el día es decisión nuestra y no se puede colgar de aquí. Y no todo lo que hay en esa página es de dominio público: la foto de la Luna y la película de la lunación son de Antonio Cidadão, publicadas con permiso, y ese permiso es para la USNO, no para quien la cite.
Dominio público
Dates of primary phases
Astronomical Applications Department. (s.f.). Dates of primary phases of the Moon [Servicio de datos]. U.S. Naval Observatory. aa.usno.navy.mil (sitio externo)
Sirve para: La tabla publicada contra la que se contrasta un calendario de fases: da las cuatro principales entre 1700 y 2100, al minuto. Se ejercitó y no sólo se abrió: las cincuenta fases de 2026 que devuelve coinciden con las que calcula el motor de este sitio con una diferencia máxima de 1,3 minutos, del orden del minuto al que ella misma redondea.
No sostiene: Su rango termina en 2100 y el de este sitio llega a 2200: los últimos cien años no tienen contraste, y publicar que el calendario está verificado sin acotar el periodo sería falso. El contraste además es de un año, 2026, no del rango entero. Y la página no declara qué efemérides usa ni con qué precisión, así que no respalda ninguna cifra de exactitud.
Dominio público
Aslaksen
Aslaksen, H. (2010). The mathematics of the Chinese calendar [Borrador del 17 de julio de 2010]. Department of Mathematics, National University of Singapore. gwern.net (sitio externo)
Sirve para: Las reglas del calendario chino desde la reforma de 1645, y leídas: el meridiano de 120° E desde 1929 y el de Pekín antes, el día que empieza a medianoche, el mes que empieza el día de la luna nueva, el solsticio de diciembre en el mes 11 y la regla del mes intercalado (pp. 18–23). De ahí sale cómo calcula este sitio el Año Nuevo. Documenta además los años en que fallan los atajos habituales (2033, 2034, 1985) y, en la p. 22, que algunas fuentes astrológicas cuentan el año desde el lìchūn, con el ejemplo del 1 de febrero de 1960. Su parte histórica (pp. 39–47), también leída, da las reformas que cambiaron las reglas: el mes que empieza con la luna nueva calculada desde 621 a.C., siete meses intercalados cada diecinueve años desde 589 a.C., la reforma Taichu de 104 a.C. con la regla del mes sin término principal, la Luna verdadera desde 619, el Shoushi li de Guo Shoujing en 1280 y el Sol verdadero de los jesuitas en 1645, con la disputa que siguió (pp. 44–47). Y en la p. 12, que no es un calendario lunar sino lunisolar.
No sostiene: Es un borrador, no un artículo revisado por pares, y el enlace es una copia y no la página del autor. Su historia es un resumen de segunda mano apoyado en otros autores, con juicios propios (por ejemplo, que los jesuitas ganaron en parte porque cambiaron el criterio con que se los juzgaba) que se citan como opinión suya y no como hecho. Explica cómo se calcula el calendario: no respalda nada de lo que la tradición asocia a cada animal, ni dice cuál de las dos formas de contar el año es la buena ni de dónde viene cada una. Y no da la polaridad yin y yang de los troncos, así que no puede citarse para ella.
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Hong Kong Observatory
Hong Kong Observatory. (s.f.). Gregorian-lunar calendar conversion table [Tabla de datos]. hko.gov.hk (sitio externo)
Sirve para: La tabla publicada contra la que se contrasta el calendario chino de este sitio: día a día, de 1901 a 2100, con el día lunar y los términos solares. Se ejercitó y no solo se abrió: las doscientas fechas de Año Nuevo coinciden con las que calcula este sitio, y las del lìchūn también, salvo la de 2083, que la propia página declara dudosa.
No sostiene: No declara con qué meridiano ni con qué efemérides calcula, así que no respalda ninguna cifra de precisión: la regla del meridiano sale de Aslaksen. Advierte ella misma que cerca de medianoche una fecha puede diferir un día. Da el lìchūn como fecha y no como hora, así que no sirve para decidir un nacimiento de ese mismo día. Y no dice nada sobre qué fecha decide el animal de una persona.
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Liu y Stephenson
Liu, B. y Stephenson, F. R. (1998). The Chinese calendar and its operational rules. Orion, 56(286), 16–19. doi.org (sitio externo)
Sirve para: Las reglas del calendario chino contadas por uno de quienes lo calculaban, y leído entero: que las que rigen hoy son, en lo básico, las mismas desde 1645, y que desde 1914 cambió la teoría con que se calculan el Sol y la Luna, no las reglas (p. 16). Da el reloj de referencia con más detalle que Aslaksen: la hora solar aparente de Pekín durante los Qing y en 1912–1913, la hora media de Pekín de 1914 a 1928, y desde 1929 la del meridiano de 120° E, ocho horas por delante del tiempo universal (p. 16). Y lo que cambió en 1645: antes, los términos solares salían de repartir el año en veinticuatro partes iguales, de unos 15,22 días; desde entonces salen del Sol verdadero, con intervalos de entre 14,72 y 15,74 días (p. 17). Describe también el caso excepcional de 2033 (p. 18).
No sostiene: Es divulgación en la revista de una sociedad astronómica suiza, no un trabajo revisado por pares, y no cita documentos de archivo. Explica cómo se calcula el calendario: no dice nada de lo que la tradición asocia a cada animal ni de cuál de las dos formas de contar el año es la buena. Las figuras y tablas tienen derechos de terceros, y E-Periodica pide permiso para reproducir imágenes: de aquí se cita y se parafrasea, no se copia nada.
Con derechos vigentes
Calendar calculation
Liu, Y. T. (2025). Calendar calculation. Conversion between Western and Chinese calendar (722 BCE–2200 CE). ytliu0.github.io (sitio externo)
Sirve para: Cómo se reconstruye el calendario chino de 722 a.C. a 2200, y leída entera: por periodos, con las reglas de la norma GB/T 33661-2017 y las efemérides DE441 desde 1912, contrastado con las publicaciones del Observatorio de la Montaña Púrpura. Documenta, en tabla, que entre 1912 y 2050 sólo tres meses empiezan en un día distinto del que dio el calendario oficial de su época (1914, 1916 y 1920), y que se deben a que hasta 1928 la hora de referencia era la de Pekín, unos catorce minutos por detrás de la de 120° E: en 1916 la luna nueva de Año Nuevo cae a las 00:05 del 4 de febrero en 120° E y el calendario de entonces da el 3. Cuenta además la reforma de 1645 y la disputa de 1664–1669, la reforma Taichu de 104 a.C., con un año de quince meses, y el caso de 1813, del que sale la regla que resuelve 2033.
No sostiene: Es un sitio personal, no una publicación revisada ni la fuente oficial: para el calendario vigente la autoridad es la Montaña Púrpura, a la que él mismo remite. Su historia anterior a 1645 descansa en libros de tablas en chino que este sitio no ha leído. Y la página cambia (la última revisión de fondo es de diciembre de 2025), así que lo que se cita es lo que decía el 23 de septiembre de 2026.
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Rules for the Chinese calendar
Liu, Y. T. (2019). Rules for the Chinese calendar. Conversion between Western and Chinese calendar (722 BCE–2200 CE). ytliu0.github.io (sitio externo)
Sirve para: Las reglas del calendario moderno, y leída en lo que muestra: que China adoptó oficialmente el gregoriano en 1912, que hubo cinco reformas significativas y la última fue en 1645, y el ejemplo de 1916 (luna nueva a las 23:51 del 3 de febrero en la hora de Pekín, y Año Nuevo ese día). Sobre todo, de dónde salen hoy las fechas: el intento de prohibir el calendario tradicional en 1929, levantado en 1934; los calendarios que discreparon en 1953, 1978, 1989 y 2013; y la norma GB/T 33661-2017, de mayo de 2017, redactada por la Montaña Púrpura, que fija las reglas con definiciones astronómicas modernas y encarga a ese observatorio publicar cada año los datos oficiales.
No sostiene: Es un sitio personal, no la norma: lo que dice de la GB/T 33661-2017 es su resumen, y la norma misma no se ha leído aquí. Las secciones de ejemplos, incluido el cálculo de 2033, no se leyeron, así que para 2033 se cita a Aslaksen y a Liu y Stephenson. Y es una página que se actualiza: lo citado es lo que decía el 23 de septiembre de 2026.
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Evidencia
Lo que se ha puesto a prueba y qué salió, con las objeciones de cada estudio. Ninguno de los dos bandos tiene aquí una fuente que cierre la discusión.
Carlson
Carlson, S. (1985). A double-blind test of astrology. Nature, 318, 419–425. muller.lbl.gov (sitio externo)
Sirve para: El test doble ciego más citado: veintiocho astrólogos no superaron el azar emparejando cartas natales con perfiles del CPI. Lo que más pesa no es el resultado sino quién fijó el listón: los astrólogos participaron en el diseño, lo llamaron una prueba justa y pusieron ellos mismos el 50 % de aciertos como efecto mínimo esperable. El resultado quedó a 3,3 desviaciones por debajo de su propia predicción.
No sostiene: No sostiene que la astrología quede refutada porque la gente no se reconozca en su carta: esa es la primera parte del experimento, y el propio Carlson la descarta como prueba contra la astrología, porque los sujetos tampoco supieron elegir su propio perfil del CPI. Su refutación descansa sólo en la segunda parte, la de los astrólogos. Tampoco puede citarse como palabra final sin mencionar el reanálisis de Ertel. Y conviene decir qué es: Nature lo publicó en su sección Commentary, con fechas de recepción y aceptación, no como artículo de investigación a secas ni como columna de opinión.
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Ertel
Ertel, S. (2009). Appraisal of Shawn Carlson's renowned astrology tests. Journal of Scientific Exploration, 23(2), 125–137. journalofscientificexploration.org (sitio externo)
Sirve para: Documenta que la conclusión de Carlson está discutida: su resumen sostiene que el análisis original troceaba la muestra sin contrastar nunca los totales, y que rehecho entero los astrólogos emparejaron mejor que el azar con significación marginal (p = 0,054 en el emparejamiento de tres opciones, p = 0,04 en la valoración de uno a diez).
No sostiene: No convierte el estudio en evidencia a favor de la astrología: la significación es marginal (el 0,054 ni siquiera cruza el 0,05) y el propio Ertel escribe que sus resultados son insuficientes para dar la astrología por verificada. Apareció además en una revista de anomalística revisada por pares, no en una de psicometría, así que no se puede presentar con el peso de un Nature. Y quien lo cite solo a él está haciendo lo mismo que critica.
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Startup
Startup, M. J. (1984). The validity of astrological theory as applied to personality, with special reference to the angular separation between planets [Tesis doctoral, Goldsmiths' College, University of London]. Goldsmiths Research Online. research.gold.ac.uk (sitio externo)
Sirve para: Una tesis doctoral que pone a prueba aspectos, casas y signos con 911 personas y dos cuestionarios de personalidad, el EPQ de Eysenck y el 16PF de Cattell, y leída en lo que se cita. Aspectos: ninguna evidencia en cuatro estudios, y estima que si explican algo es menos del 1 % de la variación (p. 277). Casas: de 23 predicciones sacadas de los sectores de Gauquelin salen tres, dos de ellas por poco (p. 268). Signos: lo único que se repite es que quien tiene el Sol en un signo «positivo» puntúa algo más alto en extraversión. Su metaanálisis, con trece de los catorce estudios de su tabla, tres de ellos suyos (pp. 254 y 255), lo da por real pero muy pequeño (d = 0,13, p. 256): harían falta al menos 550 personas por grupo para verlo (p. 262). Y lo atribuye a la propia astrología, no al Sol: el efecto queda ausente o muy reducido en niños, que no la conocen, y en estudiantes de astrología, que saben que el signo solar no es todo (pp. 257 y 263). Unos datos de 1941 sobre la estación de nacimiento, recogidos sin pensar en la astrología, se correlacionan con los estudios de signo solar en tres de ocho coeficientes con cada uno de sus dos tests, y él lo lee como una pista de que la astrología ya influía entonces en algunas personas (pp. 259 y 260). Su conclusión, con cautela: el efecto parece deberse a que la gente ajusta sus respuestas a lo que la astrología espera (p. 268).
No sostiene: Mide la personalidad con cuestionarios, y él mismo calcula que, a lo largo de cincuenta años de vida adulta, esos cuestionarios conservan poco de lo que la astrología diría medir (correlaciones esperadas de 0,30 y 0,18, p. 273): un resultado nulo con ellos no prueba que no haya nada. Es una tesis examinada, no un artículo revisado por pares. Y no es una voz hostil: agradece a Geoffrey Dean y a John Addey (p. 5) y considera que la evidencia de los Gauquelin es «as good as that for almost any area of research in the social sciences» (p. 266), así que no sirve para decir que los Gauquelin fueron refutados. No se leyeron los capítulos de cada estudio ni los de historia y teoría.
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Dean et al.
Dean, G., Mather, A., Nias, D. y Smit, R. (2022). Understanding astrology: A critical review of a thousand empirical studies 1900–2020. AinO Publications. astrology-and-science.com (sitio externo)
Sirve para: La tercera parte de la discusión sobre el test de Carlson, y la única que se puede leer entera y gratis porque la publican sus propios autores. En su página 574, y comprobado en el PDF, calculan que la correlación entre lo bien que los astrólogos decían que encajaba una carta y su porcentaje de aciertos «no es ni débilmente significativa»: r = 0,385, p = 0,27.
No sostiene: Ese p = 0,27 no es un recálculo del test de Carlson dado como no significativo, aunque así se cite por ahí: es la significación de una correlación sobre los diez puntos de una escala de valoración, que no pondera cuántas elecciones caen en cada punto. No está revisada por pares y la editorial no es académica: AinO es la casa que publicaba las revistas de la sociedad neerlandesa del ramo y toma su nombre de la revista que editaba uno de los coautores. Y no es una voz independiente en este catálogo: Geoffrey Dean firma también el Dean y Kelly de 2003, y el sitio que sirve el PDF es el suyo, el mismo que aloja a Kelly.
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Dean y Kelly
Dean, G. y Kelly, I. W. (2003). Is astrology relevant to consciousness and psi? Journal of Consciousness Studies, 10(6–7), 175–198. journalpsyche.org (sitio externo)
Sirve para: El estudio de gemelos temporales, leído: 2.101 personas nacidas en Londres entre el 3 y el 9 de marzo de 1958, a 4,8 minutos de media unas de otras, con el 92 % de las horas anotadas al cuarto de hora más cercano y el resto al minuto; 110 variables medidas a los 11, a los 16 y a los 23 años; efecto 0,00 ± 0,03. Lo que hace convincente la prueba, y casi nadie cita, es su control: se incluyeron dieciséis variables de la madre (edad, presión arterial, duración del parto) que siete astrólogos destacados dieron por unanimidad como imposibles de leer en la carta del hijo, y salieron igual de planas. El artículo trae además el dato más incómodo del gremio: veinticinco estudios con cerca de 500 astrólogos dan un acuerdo medio entre ellos de 0,101, cuando la psicometría pide 0,8 para aplicar algo a una persona.
No sostiene: Mide personalidad, capacidad y ocupación. No dice nada sobre si a alguien le sirve mirarse en una carta, ni sirve para el efecto Marte, que despacha en una frase. Ojo con lo que no está en él: no nombra el National Child Development Study (eso es de un texto posterior de Dean) ni explica por qué se acotó a Londres, y no documenta que Dean fuera astrólogo antes que investigador. Y hay que decir de qué pende: el estudio fuente se cita como «Dean, forthcoming» y su informe primario nunca se publicó, cosa que se le reprochó en la misma revista en 2016. Los propios autores acotan su alcance: sólo descartan efectos del orden de 0,5 o mayores, no los diminutos. El enlace es una copia alojada por un tercero, no el editor: se enlaza y se cita breve, y si desaparece se busca otra.
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Forer
Forer, B. R. (1949). The fallacy of personal validation: A classroom demonstration of gullibility. The Journal of Abnormal and Social Psychology, 44(1), 118–123. astronomy.com (sitio externo)
Sirve para: Explica por qué un texto genérico se siente exacto, y leído: 39 estudiantes recibieron una semana después un perfil con su nombre encima, idéntico para todos, cuyas frases salían «en buena parte» de un libro de astrología de quiosco (lo dice una nota al pie). Aceptaron de media 10,2 de sus 13 enunciados. Y hay un hallazgo que casi nunca se cita: tres semanas más tarde, al pedirles que recordaran su propia puntuación del perfil, varias bajaron y ninguna subió, con significación al uno por ciento. La memoria repara el autoestima sola.
No sostiene: No demuestra que la astrología sea falsa; tampoco lo pretende, porque Forer no la evalúa: sólo le tomó prestado el material. Demuestra que la sensación de reconocerse no sirve como prueba, lo cual vale igual para los test de personalidad. Y ojo con dos detalles al citarlo: no dice en ninguna parte que el test se quedara sin corregir, y el célebre 4,26 no lo imprime él (se calcula de la distribución de su Tabla 1, y va en una escala de cero a cinco, no de uno a cinco). Era además una demostración de clase, sin grupo de control ni aleatorización.
Con derechos vigentes
Kurtz
Kurtz, P., Zelen, M. y Abell, G. (1980). Results of the U.S. test of the «Mars effect» are negative. The Skeptical Inquirer, 4(2), 19–26. skepticalinquirer.org (sitio externo)
Sirve para: El test estadounidense del efecto Marte, leído: sobre 408 campeones, 55 nacieron en los sectores clave, «(30 + 25)/408 = 0,135», o sea un 13,5 % frente al 17 % esperado por azar. Documenta además qué objetó de verdad el Comité Para belga, que no fueron errores demográficos: «questioned the Gauquelins' procedure for calculating the theoretical frequency».
No sostiene: No refuta los datos europeos de Gauquelin: mide una muestra estadounidense distinta, recogida con otro procedimiento. Y no puede citarse sola, porque en el mismo número se publican el informe discrepante de quien hizo los cálculos y la réplica de los propios Gauquelin.
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Rawlins
Rawlins, D. (1980). Report on the U.S. test of the Gauquelins' «Mars effect». The Skeptical Inquirer, 4(2), 26–31. skepticalinquirer.org (sitio externo)
Sirve para: El informe de quien hizo los cálculos celestes para el CSICOP, publicado por la propia organización junto al anterior. Es la fuente de las cifras europeas que se citan siempre: sobre 2.088 campeones, Marte en los sectores 1 y 4 el 21,65 % de las veces frente a una expectativa teórica de 17,17 %. Y explica qué son esos sectores: el 1 empieza en el ascendente y el 4 en el mediocielo. Descarta además la sospecha demográfica (escribe que Gauquelin sí tuvo en cuenta esas influencias).
No sostiene: No acredita el efecto Marte ni desmiente el resultado estadounidense: Rawlins hizo esos cálculos y no discute el 13,5 %. Su acusación de encubrimiento contra el CSICOP es de 1981 y está en otro texto, que esta ficha no cubre.
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Mars effect
Mars effect. (s.f.). En Wikipedia. Recuperado el 16 de septiembre de 2026. en.wikipedia.org (sitio externo)
Sirve para: Punto de entrada al caso Gauquelin y a las tres réplicas que lo siguieron, con las referencias primarias de cada bando para quien quiera ir a leerlas.
No sostiene: Es una fuente terciaria y editable: sirve para llegar a los estudios, no para citarla como si fuera uno. Y no acredita el efecto Marte, que es justo lo que está en disputa.
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Kelly
Kelly, I. W. (2005). The concepts of modern astrology: A critique [Manuscrito ampliado]. Astrology and Science. astrology-and-science.com (sitio externo)
Sirve para: La crítica conceptual, no empírica, y la única fuente del catálogo que discute la defensa que hace este sitio de sí mismo: para Kelly decir que la astrología es un lenguaje simbólico que no se evalúa por su verdad no es una posición, es una retirada, y la cataloga entre las maneras de no tener que admitir error nunca. Aporta además tres cosas que ningún estudio de aquí cubre: por qué ninguno de los cinco orígenes que la propia comunidad astrológica propone para sus atribuciones se sostiene, por qué ningún resultado cuenta como problemático, y el caso de Plutón y Quirón, a los que se les asignó significado deducido de su mitología sin ninguna investigación publicada.
No sostiene: No es un estudio: no mide nada ni aporta datos nuevos, es argumentación. Y no es una voz independiente de las que ya están en este catálogo: Kelly firma también el Dean y Kelly de 2003, y esta versión la aloja el sitio de Geoffrey Dean, a quien el propio texto agradece. Tampoco está revisada por pares: lo revisado fue el artículo de 1997, y esto es una ampliación posterior del autor.
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Datos
Cómo se clasifica la fiabilidad de un dato de nacimiento.
International
International Astronomical Union. (s.f.). The constellations. iau.org (sitio externo)
Sirve para: La autoridad sobre las 88 constelaciones y sus fronteras, leída: las trazó Eugène Delporte, del Real Observatorio de Bruselas, y «fueron aprobadas por la UAI en su Asamblea General de Leiden en 1928». Define además una constelación como un área del cielo delimitada por su frontera, que es lo que permite decir que no son una lista de figuras sino un reparto del mapa.
No sostiene: No documenta la época de referencia de esas fronteras ni por qué se eligió: para eso hace falta Roman (1987). Y no dice nada de los signos del zodiaco, que son una convención de otra disciplina y no están en su competencia.
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Roman
Roman, N. G. (1987). Identification of a constellation from a position. Publications of the Astronomical Society of the Pacific, 99, 695–699. articles.adsabs.harvard.edu (sitio externo)
Sirve para: Ancla la época de las fronteras, y leído: su resumen determina la constelación de un objeto «desde su posición de 1875,0», y el método empieza por precesar la posición a esa época. Es el procedimiento que usa este sitio. Fecha además la cronología completa: Gould publicó en 1877 las fronteras del cielo austral, en 1925 la UAI encargó a una subcomisión delimitar las boreales, y la lista resultante se publicó en 1930, en Delporte.
No sostiene: No explica por qué se eligió 1875 como época. Pone a Gould y a esa fecha en el mismo párrafo, y es tentador deducir que fue por compatibilidad con él, pero el artículo no lo afirma y aquí no se publica una deducción como si fuera del autor. Tampoco es la fuente de las áreas de cada constelación ni de los días que el Sol pasa en cada una: eso lo calcula el motor de este sitio.
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Rodden
Rodden, L. (1999). Data collecting. Astro-Databank. astro.com (sitio externo)
Sirve para: Fuente primaria del sistema Rodden, y leída: la propia autora lo explica y lista las letras, con DD definida como «datos sucios», dos o más versiones en conflicto. Lo fecha ella misma («In 1980, I began to print my books with a Rodden rating system») y sitúa en el verano de 1978 su primera charla sobre datos sucios. Separa además la referencia (dónde lo viste) de la fuente (de dónde salió), que es la distinción que sostiene todo el sistema, y documenta por qué esto varía tanto de un país a otro: en el Reino Unido y sus colonias no se registraban las horas de nacimiento, mientras que en Escocia, Italia, Francia y Bélgica sí.
No sostiene: Documenta qué escribió Rodden en 1999, no que el sistema sea correcto ni que hoy se aplique bien. Y no es reproducible: lleva copyright expreso de 1999 a su nombre, así que se enlaza y se cita breve, nunca se copia. Ojo también con el escepticismo que a veces se le atribuye: la advertencia sobre las horas redondeadas (las seis en punto, medianoche) es de la letra A, la de la memoria, no de la AA, que para ella es un documento y es «absolutamente exacta».
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The Astrological Association
The Astrological Association. (s.f.). AA chart database history. astrologicalassociation.com (sitio externo)
Sirve para: Historia de la base de datos de cartas de la Astrological Association. Del sistema de Lois Rodden aporta una frase que sí es suya y se puede citar: dice que el Rodden rating «se ha convertido en el criterio establecido para datos astrológicos».
No sostiene: Es historia institucional escrita por parte interesada (la AA promociona su propia base de datos) y sobre el sistema Rodden es testimonio de segunda mano: no lo fecha ni lo explica, sólo lo resume, y las definiciones de las letras las publica dentro de una imagen, o sea que no se pueden citar por copia. Para las definiciones, la fecha y el alcance, la fuente es la propia Rodden.
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Ley 4.808
Ley 4.808. Reforma la ley sobre el Registro Civil. (1930). Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. bcn.cl (sitio externo)
Sirve para: Fuente primaria de qué obliga Chile a dejar escrito al inscribir un nacimiento, y se leyó el articulado: el artículo 31 enumera lo que la partida debe contener y abre con «1.o Hora, día, mes, año y lugar en que ocurrió el nacimiento». O sea que la hora no es un extra que dependa de la oficina: es contenido exigido por ley desde 1930. El artículo 24 añade que los certificados y copias que expidan los Oficiales del Registro Civil tienen carácter de instrumentos públicos.
No sostiene: Dice qué tiene que estar en la inscripción, no qué imprime el certificado que se descarga hoy: eso lo fija el servicio, no la ley, y para eso la fuente es la ficha del trámite. Tampoco documenta el procedimiento para pedir una copia de la inscripción, ni su precio, ni sus plazos. Y es una ley de 1930 con reformas posteriores: lo que se leyó es el texto vigente publicado por la BCN, no su historia.
Dominio público
ChileAtiende
ChileAtiende. (s.f.). Certificado de nacimiento. Servicio de Registro Civil e Identificación. chileatiende.gob.cl (sitio externo)
Sirve para: Ficha oficial del trámite, leída el 20 de septiembre de 2026, y sirve para una afirmación negativa que de otro modo no se podría hacer: enumera qué acredita el certificado de nacimiento: número de inscripción, nombre, RUN, registro, y la fecha y el lugar de nacimiento; la hora no está en esa lista, en ninguno de los tres tipos que describe. También documenta que en línea es gratuito.
No sostiene: Es la descripción del trámite, no el documento: prueba qué dice el Estado que contiene el certificado, no lo que traería un ejemplar concreto emitido en otra fecha. Y no documenta cómo se pide la copia de la inscripción, que es lo que sí lleva la hora: esa ficha no existe en ChileAtiende, y eso está dicho como lo que es, sin documentar. Una ficha de trámite además caduca sin aviso.
Se publica gratis y sigue teniendo autoría
Código Civil Federal
Código Civil Federal. (s.f.). Orden Jurídico Nacional, Secretaría de Gobernación. ordenjuridico.gob.mx (sitio externo)
Sirve para: Qué obliga México a asentar en un acta de nacimiento, y se leyó el articulado: el artículo 58 dice que el acta «Contendrá el día, la hora y el lugar del nacimiento», antes del sexo y del nombre. El artículo 48 añade el derecho que hace útil lo anterior: «Toda persona puede pedir testimonio de las actas del Registro Civil, así como de los apuntes y documentos con ellas relacionados, y los Jueces Registradores estarán obligados a darlo».
No sostiene: Es el código federal y los registros civiles mexicanos son estatales: fija el criterio, no el formulario de cada estado. Y sobre todo no dice qué imprime el acta que se descarga hoy, que es justo lo que la gente tiene en la mano. Eso no se pudo verificar en ninguna fuente oficial y está escrito como lo que es, sin documentar, no rellenado con lo plausible.
Dominio público
Ley 26.413
Ley 26.413. Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas. (2008). InfoLeg, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. servicios.infoleg.gob.ar (sitio externo)
Sirve para: Qué exige Argentina en la inscripción de un nacimiento, leído en el texto actualizado que publica InfoLeg: el artículo 36 enumera el contenido y su inciso b) dice «Localidad y provincia, hora, día, mes y año en que haya ocurrido el nacimiento». El artículo 23 nombra los documentos que se expiden (testimonios, copias, certificados, libretas de familia) y es útil por lo que no hace: no tipifica una versión íntegra frente a una resumida.
No sostiene: No resuelve qué te van a entregar: el registro civil argentino es provincial y esta ley no fija el formato del documento que sale por ventanilla. Tampoco documenta procedimientos, plazos ni costos de cada jurisdicción. Y lo leído es el texto actualizado, no la historia de sus reformas.
Dominio público
Decreto 1260 de 1970
Decreto 1260 de 1970. (1970). Función Pública, Gestor Normativo. funcionpublica.gov.co (sitio externo)
Sirve para: Explica por qué en Colombia la hora está escrita y aun así no aparece, y se leyeron los dos artículos que lo resuelven. El 52 parte la inscripción en dos secciones: la genérica lleva nombre, sexo, municipio y fecha, y en la específica «se consignarán, además la hora y el lugar del nacimiento»; cierra diciendo que los datos de la genérica son el requisito esencial. El 110 encaja la otra pieza: «Los certificados contendrán cuando menos, los datos esenciales de toda inscripción».
No sostiene: Dice cuál es el piso de un certificado, no su techo: que la hora no esté entre los datos esenciales no prueba que ninguna oficina la incluya nunca. Tampoco documenta el trámite, ni el precio, ni qué hace hoy la Registraduría en su sistema en línea. Es la norma, con más de cincuenta años y reformas posteriores que no se rastrearon.
Dominio público
Decreto Supremo 015-98-PCM
Decreto Supremo N.º 015-98-PCM. Reglamento de Inscripciones en el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil. (1998). RENIEC. reniec.gob.pe (sitio externo)
Sirve para: El caso más limpio de la región, y se leyó entero el tramo que importa. El artículo 32 abre la lista del contenido de la inscripción con «a) La hora, fecha y lugar del nacimiento». El 62 define la copia certificada como «la copia literal de la información consignada en las actas de inscripción». Y el 63 enumera lo que trae el extracto: hecho inscrito, lugar y fecha de ocurrencia, lugar y fecha de inscripción, nombre del titular. La hora no está. El 64 aclara que los dos son documentos públicos.
No sostiene: Es el reglamento de 1998 y no rastrea sus modificatorias ni las resoluciones de RENIEC que aprobaron formatos posteriores, aunque el propio texto las concuerde. No documenta el trámite ni su costo, y no dice nada sobre inscripciones anteriores a su vigencia, que se hicieron bajo otras reglas.
Dominio público
Tradición
Documentos históricos. Prueban qué se escribió y cuándo: ninguno prueba que sea cierto, y eso vale también para el que suena más moderno.
Ptolomeo
Ptolomeo. (1822). Ptolemy's Tetrabiblos, or quadripartite: Being four books of the influence of the stars (J. M. Ashmand, Trad.). Davis and Dickson. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Fuente antigua de primera mano, y leída. Fija el comienzo del zodiaco en el equinoccio de marzo y da el porqué, que es estacional y no estelar (Libro I, caps. XII y XIV): es la fuente del zodiaco tropical que usa este sitio. Enumera cuatro aspectos: oposición, trígono, cuadratura y sextil; y ya les pone signo moral, armónicos el trígono y el sextil, discordantes la oposición y la cuadratura (I.XVI); reparte benéficos y maléficos por cualidades físicas (I.V); define las modalidades y las triplicidades (I.XIV y I.XXI). En el capítulo de los padres (III.V, pp. 114-119) asigna el Sol y Saturno al padre y la Luna y Venus a la madre, «in conformity to nature» (p. 114), y con ellos juzga la fortuna de los padres (pp. 114-115) y, de la madre, cuánto vivirá, sus enfermedades y cómo morirá (p. 117). Y sirve para algo que ninguna otra fuente del catálogo da: el propio Ptolomeo le pone límites a su arte, dice que su teoría se apoya en inferencia y no en prueba, que hay causas que la carta no contiene (el lugar, la crianza, las costumbres) y que nada ocurre por un destino inevitable (I.II y I.III).
No sostiene: Documenta qué se escribió en el siglo II, no que sea cierto: lo que explica el texto es un modelo físico de calor, frío, humedad y sequedad. No respalda ninguna afirmación de precisión de cálculo. Y no describe el carácter signo por signo: lo racional lo lee por Mercurio y la Luna (III.XVIII), así que no sirve para sostener que «los antiguos ya leían el carácter por el signo solar». El capítulo de los padres es predicción de sucesos sobre una persona real, la suerte, la enfermedad y la muerte de la madre: sirve para decir qué leía la tradición en la Luna, nunca para leer así a nadie. Ojo con la numeración: se cita por Ashmand, que vierte la paráfrasis de Proclo y cuyo Libro I tiene 27 capítulos; la Loeb de Robbins numera distinto y un capítulo de aquí no se pasa a esa edición sin comprobarlo.
Dominio público
Vettius Valens
Vettius Valens. (ca. 175). Anthologies (M. T. Riley, Trad.). Skyscript. skyscript.co.uk (sitio externo)
Sirve para: Fuente helenística de primera mano, y leída: el Libro I reparte a cada cuerpo oficios, partes del cuerpo, metales y sabores; el Libro II abre con los cuatro triángulos de signos; el Libro IV nombra los doce Lugares y cruza cuerpo con Lugar para anunciar sucesos. Sirve para fechar qué se leía en cada posición, y con qué estatuto.
No sostiene: Documenta qué se escribió en el siglo II, no que sea cierto. Y la traducción de Riley se publica gratis pero no es de dominio público: se enlaza y se cita breve, no se reproduce.
Se publica gratis y sigue teniendo autoría
Aly Aben Ragel
Aly Aben Ragel. (1954). El libro conplido en los iudizios de las estrellas (G. Hilty, Ed.). Real Academia Española. cervantesvirtual.com (sitio externo)
Sirve para: La traducción castellana hecha en la corte de Alfonso X, que según su editor se empezó el 12 de marzo de 1254 (p. LXIII), y leída en lo que se cita: en el Libro primero, donde el capítulo de una casa nombra su gozo, la primera «es gozo de Mercurio» (p. 29) y la tercera «es gozo de la Luna» (p. 35). Y en el Libro cuarto, citando a Hermes, la duodécima es «gozo de la infortuna mayor», Saturno, la sexta «gozo de la infortuna menor», Marte, la tercera de la Luna y la quinta de Venus; y la cuarta es «fuessa de las planetas», su tumba, porque es el fondo del cielo (p. 210). En el Libro quinto, Saturno y Marte son «sennores [de los gozos] de la .VI.a e de la .XII.a», con el corchete del editor (p. 245). Para esas cinco casas son los mismos gozos que da Lilly en 1647: la doctrina ya estaba en Castilla cuatro siglos antes.
No sostiene: Documenta qué se tradujo en el siglo XIII, no que sea cierto. Y el Libro primero trata de demandas, preguntas, como el Libro II de Lilly: los gozos de las casas son doctrina general, pero el libro los da ahí. El pasaje de la p. 210 no es de Aly Aben Ragel: lo atribuye a Hermes. Los gozos del Sol en la novena y de Júpiter en la undécima, que Lilly sí da, no aparecen en una búsqueda por todo el texto de la edición, así que esta fuente no los respalda; y de las páginas no citadas no se ha leído más que esa búsqueda. La edición es de 1954, con introducción y aparato de Hilty: se cita breve, no se reproduce.
Con derechos vigentes
McLean
McLean, A. (Ed. y Trad.). (1994). The magical calendar: A synthesis of magical symbolism from the seventeenth-century renaissance of medieval occultism. Phanes Press. (Obra original publicada en 1620) lccn.loc.gov (sitio externo)
Sirve para: La edición bilingüe del Calendarium naturale magicum, el grabado que se imprimió en Frankfurt en 1620 con el sello de Johann Theodor de Bry, y leída entera. Sus tablas ordenan por número, del uno al doce, las correspondencias de la magia renacentista: a cada uno de los siete planetas le dan día de la semana, metal, piedra, animal, planta y parte del cuerpo; a cada uno de los doce signos, ángel, mes, divinidad, piedra, animal, ave, árbol y planta. Sirve para fechar que las tablas de correspondencias astrológicas ya tenían esa forma más de dos siglos y medio antes de la Golden Dawn, y que esta se armó sin cartas: ni el grabado ni el comentario nombran el tarot una sola vez.
No sostiene: Documenta qué se imprimió en 1620, no que sea cierto. Y que el tarot no aparezca aquí no prueba que nadie lo relacionara con los planetas antes de la Golden Dawn: prueba que esta síntesis, armada sobre todo con material de Agrippa, no lo hizo. Lo único adivinatorio que trae son tablas onománticas (se suman las letras de un nombre), que no se parecen en nada a una tirada. Y el comentario de McLean es el de un esoterista de hoy, que cierra diciendo que el calendario sigue siendo una obra viva: sirve para describir el grabado y sus fuentes, no como juicio histórico neutral. La edición tiene derechos vigentes.
Con derechos vigentes
Lilly
Lilly, W. (1647). Christian astrology modestly treated of in three books. T. Brudenell. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Documenta, en su Libro I y leído, qué significaba cada casa y cada aspecto en el siglo XVII sin una sola metáfora: la casa 2 es la riqueza, los bienes muebles y el dinero prestado, y también el cuello y el color verde; la cuadratura es enemistad imperfecta y la oposición, odio perfecto. Es el contraste exacto con la lectura psicológica moderna. Del mismo capítulo, el VII del Libro I, también leído: cada casa tiene por consignificador el signo del mismo número y un planeta en orden caldeo, empezando por Saturno en la 1, y cada planeta goza en una casa: Mercurio en la 1 (p. 51), la Luna en la 3, Júpiter en la 11, Saturno en la 12. Y al final del capítulo XIIII, el de la Luna, también leído: la cabeza del dragón es masculina, de la naturaleza de Júpiter y Venus y por sí misma una Fortuna, y la cola es lo contrario.
No sostiene: Documenta qué se escribió en 1647, no que sea cierto. Y los tres libros no valen para lo mismo, como dice su propia portada: el I es la introducción general (casas, planetas, aspectos), el II es astrología horaria, de preguntas, y sólo el III es natal. Lo que se cita aquí es del I. Citar el II para una carta de nacimiento confunde dos técnicas distintas.
Dominio público
De Titis
De Titis, P. (1657). Tabulae primi mobilis, cum thesibus ad theoricen, & canonibus ad praxim. Paulo Frambotti. books.google.com (sitio externo)
Sirve para: El original latino del sistema de casas que usa este sitio, y leído. Su Canon IX construye las cúspides intermedias en tiempo y no en espacio: la novena y la undécima distan del culmen dos tiempos horarios, o sea un tercio del arco semidiurno, y la octava y la duodécima el doble. El Canon XII rechaza por nombre los círculos de posición trazados por las secciones comunes del horizonte y el meridiano, y define los suyos por las distancias proporcionales de los astros respecto de los ángulos. Y ata su método a Ptolomeo dos veces: dice no querer otro guía que Ptolomeo y la razón, y el titulillo corrido de sus propias tablas las llama ptolemaicas, no placidianas.
No sostiene: Documenta qué se escribió en 1657, no que sea cierto. No dice nada sobre las latitudes altas: no reconoce el límite del círculo polar, no lo discute y no se le plantea (sus tablas de casas se detienen en los 54 grados), así que atribuirle ese límite sería ponerle en la boca un problema que no se hizo. Tampoco respalda ninguna cifra: el OCR de las tablas es ruido, imprime «gr. st.» donde la latitud es 51, de modo que de aquí se cita la construcción y jamás un valor de cúspide. Y no documenta la traducción inglesa: para citar a Placidus en inglés hay que abrir a Sibly o a Cooper, que no se abrieron.
Dominio público
Calendar
Calendar Reform Committee. (1955). Report of the calendar reform committee. Council of Scientific and Industrial Research. archive.org (sitio externo)
Sirve para: La definición primaria de la ayanamsa Lahiri, la oficial en India, y leída: el informe fija que «debe corresponder a 23° 15′ 0″ el 21 de marzo de 1956», y de ahí en adelante crece con la precesión. Es el documento que convierte la separación entre los dos zodiacos en algo citable en vez de un número que se repite sin origen.
No sostiene: Documenta una convención adoptada por un comité, no un hecho astronómico: no prueba que el zodiaco sideral empiece ahí, sólo que la India decidió que empezara ahí. Hay otras ayanamsas en uso que dan valores distintos, así que ningún número de separación se puede publicar como si fuera el único.
Se publica gratis y sigue teniendo autoría
Book T
MacGregor Mathers y Felkin, H. (s.f.). Book T: The Tarot. A description of the cards of the Tarot with their attributions, including a method of divination by their use [Manuscrito]. Internet Archive. archive.org (sitio externo)
Sirve para: El documento donde el tarot y la astrología quedan unidos, y leído: reparte las treinta y seis cartas menores entre los treinta y seis decanatos del zodiaco con un planeta cada uno, arranca la serie en Cor Leonis y le da a Marte un decanato de más «porque el largo frío del invierno exige una gran energía para vencerlo». Y los veintidós arcanos mayores, en su propia tabla: doce llevan un signo, siete un planeta y tres un elemento: el Loco el aire, el Colgado el agua y el Juicio el fuego; ni Urano, ni Neptuno, ni Plutón aparecen en el documento. Sirve para fechar que la correspondencia carta–planeta es una asignación con autor, no una herencia antigua.
No sostiene: Documenta qué asignó una orden ocultista británica de fin del siglo XIX, no que la tradición astrológica lo dijera nunca: ni Valens ni Lilly relacionan el tarot con nada. Y el ejemplar enlazado es una subida de un tercero, sin editor, sin año y con el OCR sucio (su tabla de decanatos imprime «9 of Swords» dos veces, donde la serie pide Copas), así que de aquí se cita la estructura y no una carta concreta: para una cita literal hay que ir a una edición publicada.
Con derechos vigentes
Leo
Leo, A. (1899). Astrology for all. L. N. Fowler. archive.org (sitio externo)
Sirve para: El origen real del vocabulario de carácter que usan hoy casi todas las webs de astrología, y leído: en 1899, treinta y siete años antes de Rudhyar, doce capítulos seguidos ya se titulan «El carácter individual y personal del signo X», y el cap. III da la regla: juzgar el carácter de cada persona por la posición del Sol. Documenta además el marco teosófico del que sale todo el linaje: epígrafe de Blavatsky en la portada, y el Sol y la Luna explicados como Manas y Kama-Manas.
No sostiene: Documenta qué se publicó en 1899, no que sea cierto. Y no es la fuente del «suele»: Leo afirma en presente de indicativo («siempre son», «son muy»), y lo que amortigua es «more or less» y «tomado por separado», que es combinatorio y no de frecuencia. Tampoco completa el giro: sus lunas siguen anunciando herencias, oficios, escándalos y muertes en la familia al modo antiguo, y él mismo escribe que el destino y el entorno pesan en muchas vidas. No trae planetas, casas, aspectos ni ascendente: los difiere a una segunda parte. El lema «el carácter es el destino» no está en este libro, está en otros suyos y además no abole el destino, lo iguala al carácter. Y la frase «una carta de posibilidades» que se le atribuye por ahí no aparece en su obra: no citarla.
Dominio público
Leo
Leo, A. (1910). The key to your own nativity. Modern Astrology Office. bibliotecaparticular.casafernandopessoa.pt (sitio externo)
Sirve para: Fecha que en 1910 la regencia de los planetas modernos era una propuesta sin probar, y leído en lo que se cita: el capítulo II, «The Ruling Planet». En las pp. 12 y 13 todavía da a Saturno como regente de Capricornio y Acuario y a Júpiter de Sagitario y Piscis, y cierra la lista con que esos siete son los regentes «según las reglas transmitidas desde la antigüedad». Luego, en la p. 13: de Urano y Neptuno «no se ha probado todavía que rijan ninguno de los signos en el mismo sentido que los otros planetas»; Urano es considerado por algunos afín a Acuario y «quizá a veces» lo rija, y Neptuno «parece tener alguna afinidad» con Piscis.
No sostiene: Documenta qué se publicó en 1910, no que sea cierto. Y el PDF enlazado son 124 imágenes, no el libro entero: llega al capítulo II, que es lo que se cita, y no se ha comprobado que alcance los capítulos XI y XII, los de Urano y Neptuno por casa. No dice nada de Plutón, descubierto en 1930.
Dominio público
Green
Green, H. S. (1910). The «reason why» in astrology (2.ª ed.). Modern Astrology Office. bibliotecaparticular.casafernandopessoa.pt (sitio externo)
Sirve para: Es la fuente leída más antigua que da la tabla entera de planeta y casa, y leído en lo que se cita, en la imagen de las páginas. En el capítulo VIII, en la p. 92: «la influencia del Sol se compara con la de la casa quinta», la de la Luna «es la de la casa cuarta», la de Mercurio la de la tercera y la sexta, la de Venus la de la segunda y la séptima, la de Marte la de la primera y la octava, la de Júpiter la de la novena y la duodécima, y la de Saturno la de la décima y la undécima. Y en la p. 77 dice de la casa once que corresponde a Acuario «y a Saturno en su fase positiva», aunque «algunos astrólogos creen que tiene simpatía con Urano».
No sostiene: Documenta qué se publicó en 1910, no que sea cierto. Es una correspondencia de influencia, no un terreno: no dice que ningún planeta esté más cómodo en su casa, y el propio Green avisa, en la misma p. 92, de que clasificar así los planetas «equivale a invertir el principio» con que empieza el capítulo. Usa las regencias antiguas: a Júpiter y a Saturno les da dos casas, y a Urano y Neptuno ninguna.
Con derechos vigentes
Leo
Leo, A. (1912). The art of synthesis (3.ª ed., rev.). Modern Astrology Office. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Fecha que en 1912 la regencia de los planetas modernos todavía era una opinión, y leído en lo que se cita: en el capítulo XI, el de Urano, en la p. 100, Leo escribe que Urano «es asociado por muchos astrólogos» con Acuario y que Neptuno «es creído por algunos» el verdadero regente de Piscis. No lo da como regla: lo da como lo que dicen otros. Y en el capítulo «The Nativity and its Relation to Heredity», que el ejemplar numera XII como el de Neptuno que lo precede (el siguiente es el XIV), en la p. 129, une la cuarta casa, Cáncer y la Luna en un mismo significado: «si la primera casa y Aries corresponden al nacimiento, la cuarta casa y Cáncer, con la Luna, significan la concepción». Y en la p. 230, leyendo una carta, llama a Saturno «el regente natural de la décima». De Marte y el ascendente dice, en la p. 127, que Marte es «nominalmente el regente de todo ascendente, por ser el regente natural de Aries, el primer signo del zodíaco»; y en la p. 144, que «como el Sol, es fuerte en el ascendente y en el medio cielo», y que ascendiendo «da mucha fuerza, energía, impulso y espontaneidad. Las acciones son rápidas, pero rara vez persistentes o pacientes».
No sostiene: Documenta qué se publicó en 1912, no que sea cierto. Y el capítulo XII, el de Neptuno, que en la p. 112 une a Urano con la casa 11 y a Neptuno con Piscis y la 12, no es de Leo: el propio libro avisa que son notas de varios estudiantes y que deben leerse como opiniones y no como conocimiento definitivo. Las mismas notas, en las pp. 113-114 y hablando de música, dicen que Neptuno muestra «otra vez su afinidad con el acuoso, receptivo, musical Piscis y la casa duodécima». No citarlo como si lo firmara él. Lo de la p. 129 es una correspondencia de significado, no un terreno: no dice que la Luna esté más cómoda en la casa 4. No dice nada de Plutón, descubierto en 1930.
Dominio público
Leo
Leo, A. (1916). Saturn: The reaper. Modern Astrology Office. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Fecha que en 1916 Saturno, Capricornio y la casa 10 ya se estudiaban juntos, y leído en lo que se cita, en la imagen de las páginas. En la primera conferencia, en la p. 6, Leo anuncia que tratará «el planeta Saturno en relación con el signo Capricornio y la casa décima de un horóscopo». Y en la segunda, en la p. 71, lee una carta en la que la Luna está «en la casa décima, que corresponde a Saturno y Capricornio». Y en la p. 96 reparte los ángulos: «en el ascendente rige Marte», frente a Venus en el occidental.
No sostiene: Documenta qué se dijo en 1916, no que sea cierto. Es una correspondencia de significado: no dice que Saturno esté más cómodo en la casa 10. Y es un librito de conferencias, no un tratado: no se ha leído entero.
Dominio público
Heindel y Heindel
Heindel, M. y Heindel, A. F. (1918). The message of the stars: An esoteric exposition of medical and natal astrology explaining the arts of prediction and diagnosis of disease (3.ª ed., ampl. y rev.). The Rosicrucian Fellowship. archive.org (sitio externo)
Sirve para: La forma exacta de «Urano en su terreno», y leída: en el capítulo XVI, en la p. 358, «Urano, siendo señor del undécimo signo, Acuario, está más en casa en la casa 11 que en ninguna otra». Es el paso de dar al planeta la casa del signo que rige, que Lilly no da. También escribe, en la p. 365, que Urano en Acuario está en lo mejor «porque es regente de este signo». Y de Neptuno dice lo contrario de un terreno: en la p. 567, sobre sus efectos en la salud, que su influencia patógena «es la más dañina en la casa sexta (o el sexto signo, Virgo) […] o en la casa duodécima (o el duodécimo signo, Piscis)».
No sostiene: Documenta qué se publicó en 1918, no que sea cierto. Y sólo lo hace con Urano: a Neptuno no le da Piscis como signo propio, sólo lo dice fuerte en Cáncer y en Piscis, y de la Luna, Júpiter y Saturno habla de su signo propio, nunca de estar en casa en una casa. No dice nada de Plutón, descubierto en 1930.
Dominio público
Leo
Leo, A. (1906). The progressed horoscope. L. N. Fowler & Co. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Es la fuente de la regla y de su lectura, leída en lo que se cita. Define la progresión secundaria como un día por un año: los cambios del cielo del primer día de vida simbolizan los sucesos del primer año, los del segundo el segundo año, y así (p. 27). Lee el paso de la Luna progresada por las casas «del Radix y del Horóscopo Progresado» (p. 94), la llama colectora de las demás influencias (p. 94) y da qué trae al frente su paso por cada una de las doce casas (pp. 96-100). Para los signos, el índice del capítulo remite a la tabla de la Luna en los signos de las pp. 23-24. Y deja escrito su propio límite: «las estrellas condicionan, no obligan» (p. v), y una dirección se juzga siempre junto con la carta natal (p. 7).
No sostiene: Documenta qué escribió Leo en 1906, no que sea cierto: no respalda que la Luna progresada cause nada ni que su paso por una casa traiga lo que él le asocia. Leo leía también las casas progresadas; este sitio usa solo las natales, y eso es decisión de la casa, no de Leo. No da una duración general de la Luna en cada signo o casa: la que da la página sale del cálculo. Y la tabla de signos no es un texto aparte de la Luna progresada: es la de la Luna en cada signo, a la que el índice remite.
Dominio público
Leo
Leo, A. (1928). How to judge a nativity (4.ª ed.). Modern Astrology Office. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Es la primera fuente leída que pone a Júpiter «en casa» en la novena, y leído en lo que se cita, en la imagen de las páginas. En el capítulo XXII, que lee la carta de Eduardo VII, la p. 296 dibuja «A Zodiacal Arrangement of the Horoscope», la carta que la p. 295 anuncia «dibujada a propósito con Aries en el lugar de la ‘primera casa’ ordinaria», y dice de ella que la amplitud de miras del nativo la corrobora «Júpiter, representante de la Mente Superior, en casa en la ‘novena casa’ de nuestro horóscopo simbólico». Y en el capítulo XVI, el de la casa novena, en la p. 202, le da a la casa un regente por el orden de los signos: su relación con lo legal viene «probablemente de estar gobernada por Júpiter en el orden natural de los signos». Y en la p. 216, ya en el capítulo XVII, el de la casa décima, hace lo mismo con Saturno: como significador general de la ocupación («avocation», que ese capítulo usa para el oficio del nativo) importa Saturno, «por ser el regente de Capricornio, la casa décima natural en el orden de los signos». Y en la p. 218, en el capítulo XVIII, el de la casa undécima, dice de Urano en ella que beneficiará al nativo si sabe responder a sus vibraciones, «porque este planeta tiene más afinidad con la casa undécima que con ninguna otra de las doce»: esta vez de la casa real, no de una figura simbólica. Y del Sol en la quinta, en la p. 174, que «denota éxito en la especulación y en las empresas, y también ganancia por los hijos, el placer, la vida social y los entretenimientos», aunque añade que no es posición fecunda.
No sostiene: Documenta qué se publicó en 1928, no que sea cierto. Y la casa de la p. 296 es simbólica, no la de la carta natal: las comillas de «‘ninth house’» la marcan, porque en esa figura cada casa es el signo del mismo número, y el Júpiter de Eduardo VII está en Sagitario, su signo, y en la carta real sale por el ascendente: en el capítulo VII, en la p. 129, Leo escribe que el rey tiene a Júpiter «ascendiendo en su propio signo, Sagitario». No dice que Júpiter esté más cómodo en la casa 9 de una carta natal. La edición es de 1928, no la primera: no fecha cuándo se escribió cada pasaje.
Dominio público
Queries and answers
Queries and answers. (1933). Modern Astrology, 30(2), 74–75. bibliotecaparticular.casafernandopessoa.pt (sitio externo)
Sirve para: Fecha que en 1933, tres años después del descubrimiento, la regencia de Plutón estaba en disputa, y leído en lo que se cita del número de marzo-abril, la revista que fundó Alan Leo. Distingue dos Plutones: «Wemyss-Pluto», un planeta hipotético anterior, y «Lowell-Pluto», el descubierto (p. 74). Da la teoría de Maurice Wemyss de que Dido, Lowell-Pluto y algunos planetas pequeños todavía sin descubrir «rigen Virgo», igual que los asteroides rigen Piscis (pp. 74-75), y la tabla de símbolos del mismo número pone a Lowell-Pluto frente a Virgo y avisa de que los planetas entre paréntesis son hipotéticos (p. ii). En el mismo número, una reseña cuenta que Manly P. Hall lo considera «regente de Escorpio» (p. 72).
No sostiene: Documenta qué publicó una revista en 1933, no que sea cierto: no respalda que Plutón rija Virgo ni Escorpio. Lo de Hall es de segunda mano, una reseña de otra revista que no se ha leído. El «overlord of Scorpio» de la p. 59 es de un texto de concurso sin firma que no dice de qué Plutón habla, y por eso no se usa. Y de la tabla sólo se dan por regencias las filas que el texto confirma.
Con derechos vigentes
Rudhyar
Rudhyar, D. (1970). The astrology of personality (Reed.). Doubleday. (Obra original publicada en 1936) archive.org (sitio externo)
Sirve para: Fecha dónde estaba Plutón en 1936, seis años después de descubierto, leído en lo que se cita, en la imagen de las páginas. En la p. 453 escribe que los planetas nuevos «no rigen ningún signo definido»; en la p. 454 da el que «ha parecido apropiado a la mayoría de los astrólogos contemporáneos», que empareja a Plutón con Marte y le deja Escorpio: en la tabla, el primero de cada pareja se queda el signo diurno y el segundo el nocturno, como Urano Acuario y Saturno Capricornio. Y en la p. 455 vuelve a la tabla tradicional de la p. 453, pone los planetas en su orden, del Sol a Saturno, frente a los signos empezando por Leo, y llega a otro esquema, el suyo, en el que Marte queda en Escorpio y «Plutón rige Aries y no Escorpio». En las pp. 456-457 recoge además a quienes, con Marc Jones, rehúsan dar regencia alguna a los planetas transaturninos. Y en una nota de la p. 210 registra que «muchos astrólogos» relacionan los signos con las casas (Aries con la primera, Cáncer con la cuarta, Capricornio con la décima) y que por eso, al regir la Luna Cáncer y Saturno Capricornio, la madre ha ido a la casa 4 y el padre a la 10.
No sostiene: Documenta qué escribió Rudhyar, no que sea cierto. No une a Plutón con la casa 8: lo llama «el planeta del segundo nacimiento» (p. 272) y, leyendo la carta de Roosevelt, dice de pasada que en la casa 8 se regenera (p. 292), pero no junta las dos cosas. La nota de la p. 210 habla de qué padre significa cada casa, no de que un planeta esté más cómodo en ella, y él mismo tiene esas correspondencias por intercambiables. No se ha leído entero, sólo esas páginas; pero una búsqueda interna sobre el texto reconocido del escaneo, sólo de «at home» y de «natural», no da ninguna «natural house» ni ningún planeta «at home» en una casa. Tampoco es el origen del giro de destino a carácter, como esta misma ficha llegó a afirmar: ese vocabulario ya está publicado en 1899 por Alan Leo. Y no es tradición antigua: presentar una reinterpretación del siglo XX como «lo que siempre se dijo» es históricamente falso. Tiene derechos vigentes: se enlaza y se cita breve, no se reproduce.
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Rudhyar
Rudhyar, D. (1986). The lunation cycle: A key to the understanding of personality. Aurora Press. (Obra original publicada en 1967) archive.org (sitio externo)
Sirve para: Leído por partes, por la búsqueda interna del ejemplar: es de dónde sale el reparto de la fase natal en ocho tipos de 45° desde la conjunción, cada uno definido por los grados que la Luna lleva por delante o por detrás del Sol (pp. 50-54), y lo que Rudhyar asocia a cada tipo (pp. 50-55). Documenta también cómo encuadra la clasificación: describe la manera en que alguien afronta las relaciones (p. 48), se refiere a un aspecto de la persona y no a la persona entera (p. 38), vale «dentro de sus límites» (p. 47) y no basta para analizar una personalidad (p. 56).
No sostiene: Documenta lo que Rudhyar escribió en 1967, no que sea cierto: no respalda que la fase en que alguien nace determine su carácter. No es tradición antigua sino astrología del siglo XX. No respalda ninguna práctica de fijar intenciones en la luna nueva: el libro no la describe. Y el ensayo de Leyla Rael Rudhyar incluido en el mismo volumen no se usa aquí. Tiene derechos vigentes: se parafrasea y se cita la página, no se reproduce.
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Greene
Greene, L. (1996). The outer planets & their cycles: The astrology of the collective. CRCS Publications. (Obra original publicada en 1983) archive.org (sitio externo)
Sirve para: Fecha que a comienzos de los ochenta la astrología psicológica daba por sabidas las regencias modernas, y leído en lo que se cita: Escorpio, Acuario y Piscis tienen co-regentes, «as you know», y antes se asignaban a Marte, Saturno y Júpiter, que Greene aconseja no abandonar (pp. 80-81); y a Urano, Neptuno y Plutón «we have assigned» como co-regentes (p. 87). Llama a Escorpio el signo propio de Plutón (p. 22). Y une planeta, signo y casa: saber de Escorpio ilumina a Plutón, y hacen falta los dos para entender la casa 8, porque «the same meaning underlies the trinity of sign, planet, house» (p. 87), respondiendo a quien le señala que en su libro sobre Saturno usa planetas y casas «as if they were the same thing». Justo antes, preguntada por la diferencia entre un planeta y «the house it naturally rules», responde que el planeta es un actor y la casa el escenario (p. 86). Las casas 8, 11 y 12 son aquellas de las que «outer planets are the natural rulers» (p. 84), y empareja planeta, signo y casa: Urano, «or in Aquarius, or in the eleventh»; Neptuno, «or in Pisces, or in the twelfth» (p. 95). Saturno «rules Capricorn and the tenth house» (p. 43) y es «natural ruler of the tenth» (p. 92).
No sostiene: Documenta qué enseñaba una astróloga en 1980, no que sea cierto: es obra de una practicante, y Zeng y Fraikin (2025, p. 813) citan sus pp. 24-25 al criticar que Greene, igualando la visión hermética y la psicología de Jung, hace la sincronicidad compatible con las correspondencias para sostener un tiempo cualitativo. En la p. 87 la trinidad es de significado, y en la misma respuesta distingue el planeta, que es el deseo, de la casa, que es lo permitido: no dice que un planeta esté más en casa en la casa de su signo, y «natural ruler» es regencia, no comodidad. El comienzo de la frase de la p. 84 está en la p. 83, que no se ha leído. En lo leído no dice nada de la Luna con la casa 4 ni de Júpiter con la 9. Las pp. 84-87 y 95 se leyeron en la imagen de la página; las pp. 22, 43, 80-81 y 92, sólo en el texto de la búsqueda interna de archive.org. El ejemplar es de préstamo, y tiene derechos vigentes.
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Arroyo
Arroyo, S. (1984). The practice and profession of astrology: Rebuilding our lost connections with the cosmos. CRCS Publications. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Fecha antes que Greene y Sasportas la lectura de la Luna de cada signo como lo que alguien necesita para sentirse cómodo donde está, y leído en lo que se cita, por la búsqueda interna del ejemplar. En la sección sobre la Luna (pp. 159-162) Arroyo dice que la Luna es sentimiento, familia y memoria; que en una situación social «starts to stir», porque cada uno quiere sentirse cómodo en el ambiente (p. 160); y da para cada signo una consigna frente a ese ambiente: Aries lo activa, Tauro lo controla, Escorpio se esconde de él o busca entender lo que en él está oculto, Piscis lo imagina (pp. 161-162). Es la idea que Sasportas, en 1992, dice tomar de él.
No sostiene: Documenta qué enseñaba un astrólogo en 1984, no que sea cierto: la sección parece salir de una charla en un simposio de astrología, y en los fragmentos leídos no hay datos. No dice quién hizo antes el giro hacia la Luna de necesidades, y él mismo dice que la literatura astrológica sobre la Luna, fuera de Oriente, es «pathetic», así que tampoco sirve para fecharlo más atrás. En lo leído de la sección de la Luna no aparece la madre: no respalda nada sobre ella. Sólo se leyeron los fragmentos que devolvió la búsqueda, no las páginas enteras. Tiene derechos vigentes.
Con derechos vigentes
Carter
Carter, C. E. O. (1924). A concise encyclopaedia of psychological astrology. W. Foulsham. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Fecha que en 1924 la astrología que se llamaba a sí misma psicológica ya unía el signo de la Luna, Cáncer, y la influencia lunar fuerte con la primera infancia y con la madre, y leído en lo que se cita, en el texto de la búsqueda interna de archive.org y, dos páginas, en la imagen. De Cáncer, «the Maternal Sign», dice que quienes nacen con él o con la influencia lunar fuerte «hark back to the mother and to the period of the Moon», la infancia, cuando la influencia de la madre «was at its strongest» (p. 122). De los signos de agua, que su deseo es «to protect and be protected, or "mothered"», y en la misma página da un ejemplo de Luna por signo leída como carácter: la Luna en Libra, una naturaleza afectuosa (p. 24). Es un ejemplo suelto, no un recorrido por los doce signos, y en la p. 83 lee también como suceso una aflicción de Urano a la Luna: en la carta de un hombre, el adulterio. Leído en pocas páginas, es un eslabón entre Leo (1899), cuya Luna todavía anuncia sucesos, y Greene y Sasportas (charlas de un seminario de 1990, publicadas en 1992), para quienes la Luna es lo que se vivió con la madre.
No sostiene: Documenta qué enseñaba un astrólogo en 1924, no que sea cierto: es obra de un practicante, con ejemplos y sin datos. Tampoco prueba que el giro empezara con él: sólo lo fecha en 1924 como a más tardar. Hay además lecturas que el sitio no puede adoptar: que la Luna afligida por Saturno, o un Cáncer destacado, produzcan a menudo en los hombres una «mother-fixation» (p. 83) dice algo de una persona real a partir de su carta, con el vocabulario de Freud; se puede atribuir a Carter, nunca decir como propio. Lo de la infancia lo liga sobre todo a Cáncer y a una influencia lunar fuerte, no a la Luna de cualquier signo. Sólo se leyeron las pp. 6 y 7 (el prólogo), 24, 83 y 122; el resto, no.
Con derechos vigentes
Carter
Carter, C. E. O. (s.f.). Essays on the foundations of astrology. L. N. Fowler. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Documenta que Carter, el de la enciclopedia de astrología psicológica de 1924, ya frenaba, mucho antes que Greene, la lectura de la Luna como la madre real, y leído en la imagen del escaneo. En el capítulo I, sobre el Sol, la Luna y los planetas menores, dice que la correspondencia entre las Luminarias y los padres es inconfundible, pero que «must not be pushed too far»: en la práctica, dice, a menudo una Luna o un Sol afligidos reflejan la suerte o el carácter de la madre o del padre «probably only insofar as the native himself is affected», porque «the children of the same parents often have their Luminaries very differently conditioned» (p. 16). Es un precedente de la regla de que la Luna habla de lo vivido y no de cómo es la madre.
No sostiene: Documenta qué enseñaba un astrólogo, no que sea cierto: es obra de un practicante, con ejemplos y sin datos. No tiene fecha impresa: sólo se sabe que no es anterior a diciembre de 1944, así que no sirve para fechar nada con más precisión. En la misma página lee la Luna de Mussolini y de Hitler, y en la p. 84, entre otras, las cartas de Hitler y de Churchill: lecturas de personas reales que el sitio no hace ni puede adoptar. Sólo se leyeron la portada, el índice y las pp. 16 y 84; el resto, no.
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Greene
Greene, L., y Sasportas, H. (1992). The luminaries: The psychology of the sun and moon in the horoscope. Red Wheel/Weiser. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Fecha cuándo la astrología psicológica ya leía la Luna como la madre vivida y no como la madre de los sucesos, y leído en lo que se cita: la introducción, la sección de Liz Greene sobre la madre personal en «Mothers and Matriarchy» (desde la p. 27, en un capítulo que empieza en la p. 3) y su recorrido de la Luna por los cuatro elementos (pp. 37-49). Son las charlas de un seminario, «The Inner Planets», dado en Zúrich en junio de 1990, según la nota de la introducción. La Luna dice mucho de las primeras semanas y meses de la infancia, porque la madre personal es quien primero encarna lo lunar (p. 27); y de ella se aprende a cuidarse a uno mismo. Greene escribe que ninguna configuración lunar describe a una madre «mala»: algunas describen energías difíciles para cualquier madre en ese papel (p. 28). Pide no culparla (pp. 29 y 31), mirar lo que no es astrológico (la generación y el grupo social de la madre, la pobreza o la migración, p. 30) y lo llama sustancia compartida entre madre e hijo (pp. 28 y 31). Por elemento da lo que la Luna necesita para sentirse a salvo: el fuego, sentido e imaginación (p. 37); la tierra, cuerpo, rutina, contacto y sentirse útil (pp. 41-43); el aire, conversación, belleza y espacio para respirar (pp. 44-46); el agua, respuesta emocional (p. 47). Y qué pasa cuando esa necesidad no se atendió de niño. Se leyó también el capítulo de Howard Sasportas, «First Love: The Moon as a Significator of Relationship» (desde la p. 51): la madre como el primer amor (p. 55), y lo que pasó en ese vínculo como plantilla de las parejas de después, leído sobre todo por los aspectos a la Luna. La introducción habla de «a mother or a mother-surrogate» (p. viii), y Sasportas, al citar un estudio sobre bebés criados sin cuidadora fija, de «mother or mother substitute» (p. 56). Y termina con la Luna por signo, pero como lo que cada una necesita para sentirse incluida en un grupo, idea que atribuye a Stephen Arroyo (1984) (pp. 71-72) y que él mismo llama breve y general (p. 78). De la tercera parte, «The Coniunctio», se leyeron sus dos capítulos. En «The Rhythm of Life: A Discussion of the Lunation Cycle», Greene deja la fase natal a Rudhyar: dice que tiene «little to add» y que hay que leer su libro. Cuando el público le pide un resumen, nombra la luna nueva, el primer cuarto, la llena, el que llama segundo cuarto y la balsámica, no las ocho fases de 45°, y en sus ejemplos cuenta como luna nueva o primer cuarto a la Luna hasta 10° pasado el aspecto. Añade que la fase puede pesar más que los signos: la luna nueva se parece a una Luna en Aries, la llena a una en Libra, el primer cuarto a una en Cáncer y el segundo cuarto a una en Capricornio. Y aclara que no es lo primero que mira en una carta: le interesa más la Luna progresada y sus lunaciones con el Sol progresado. Del cielo de cada mes registra que la luna nueva y la llena recorren en orden las casas de la carta a lo largo del año (una luna nueva en la casa 4, y la llena siguiente sobre el eje de la 4 y la 10), y que muchos astrólogos de columnas de prensa hacían con eso su pronóstico mensual, según la casa de la carta solar en que caía. Del retorno lunar dice sólo que muchos astrólogos le dan gran peso para las tendencias del mes siguiente. El otro capítulo, «The Sun and Moon in the Horoscope», de Greene y Sasportas, es una conversación sobre casos. Allí la coniunctio es la unión alquímica del Sol y la Luna, no el aspecto de conjunción; Greene propone el ascendente como lo que puede unir a los dos, y lee los aspectos duros entre ambos, conjunción incluida, como un conflicto más agudo entre el yo y el instinto. Ahí mismo Sasportas, comentando una carta, lee el signo del nodo norte como cualidades que hay que esforzarse en desarrollar; y Greene, en «The Rhythm of Life», pide leer los dos nodos como una polaridad y no el norte como mejor que el sur. De la segunda parte, la del Sol, se leyeron sus dos capítulos. En «The Hero with a Thousand Faces», Greene lee el Sol con el mito del héroe de Joseph Campbell, como algo que nunca se termina de desarrollar. Escribe que las descripciones de carácter de cada signo solar muchas veces no encajan con la persona, y que el Sol describe un proceso y no un conjunto de conductas: se puede no comportarse como el propio signo solar y serlo igual. Toma al regente del signo solar como su deidad, y al ascendente, como el aprendizaje que la vida exige. En «Sun, Father, and the Emergence of the Ego», Sasportas dice que la mayoría de las columnas del signo solar parten de una premisa errónea, que uno es automáticamente como su signo, y propone leer el signo solar como cualidades que hay que desarrollar; la Luna sería lo que sale de forma instintiva. Lee también el Sol como el padre, y sus aspectos como lo que se encontró en él al separarse de la madre. Y no fija qué casa es de qué progenitor: suele dar la 10 al que más lo formó a uno y la 4 al más desconocido, y a veces lee las dos para cada uno.
No sostiene: Documenta qué enseñaba una astróloga en 1990, no que sea cierto: es obra de practicantes, con casos de consulta y no con datos. Tampoco prueba quién hizo el giro de la Luna de sucesos a la Luna de necesidades: en 1990 ya está hecho, y quién lo inició sigue sin documentar. Hay además afirmaciones que este sitio no puede adoptar: que la Luna describe cualidades que la madre «actually possesses» (p. 28), y lecturas concretas como los celos sexuales entre madre e hija en la Luna en Escorpio (p. 31), o un caso de depresión maníaca leído en una Luna en Aries (pp. 33-37). Eso dice cosas de una persona real a partir de la carta; se puede atribuir a Greene, nunca decir como propio. Sasportas va más lejos que Greene y tampoco se puede adoptar: llama a la carta una radiografía de la infancia, dice que con la Luna se hacen conjeturas bastante seguras sobre lo que pasó con la madre (p. 55) y que varios aspectos duros a la Luna suelen significar que ese vínculo no fue bien. Los estudios que cita, como el de Spitz sobre bebés sin cuidadora fija (p. 56), los toma de libros de divulgación: no se citan desde aquí. Por signo el libro trae menciones sueltas y no un capítulo para cada uno. Lo de la lunación tampoco vale más que eso. Greene no describe ninguna práctica de fijar intenciones en la luna nueva, ni por casa ni de otro modo, y una búsqueda en el texto entero, la parte del Sol incluida, no da «intention» en ese sentido; las lunaciones por casa las trae como detonante y como pronóstico, y este sitio no pronostica. Su resumen de las fases es breve y de paso: no sustituye al libro de Rudhyar, que tiene ficha propia, y sus 10° no son los tramos de él. En la tercera parte vuelven además lecturas de la madre real que aquí no se adoptan: Luna-Neptuno como una madre sin límites, y Luna-Plutón como la pasión reprimida de la madre, que según Greene puede llegar a un deseo inconsciente de matar al hijo. Greene dice también que el choque entre el Sol y la Luna suele reflejarse en el matrimonio de los padres, y en una nota lee la guerra del Golfo por dos eclipses: las dos cosas dicen algo de personas y hechos reales a partir de una carta. La parte del Sol trae lo mismo sobre el padre: Sasportas lee en los aspectos del Sol cómo fue el padre real (distante o frío con Saturno; con Plutón, a veces, su muerte o su desaparición temprana). Dice además que, si los datos de nacimiento son correctos, cree más en la carta que en la persona que tiene delante, y lee a dos actores reales por un aspecto de su carta. Los estudios que cita, como el de Herzog sobre el «father hunger», los toma de la divulgación. Y que el Sol describa un proceso y no conductas es la opinión de dos practicantes en 1990: fecha cuándo ya se escribía así, no prueba que sea cierto. Del libro no se ha leído el comienzo del capítulo de Greene sobre la Luna, «Mothers and Matriarchy», antes de la madre personal. El libro de Arroyo al que remite Sasportas tiene ficha propia en este catálogo. Tiene derechos vigentes, y la propia página de créditos sólo autoriza citas breves.
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Reed
Reed, T. (2020). Tarot: No questions asked: Mastering the art of intuitive reading. Weiser Books. archive.org (sitio externo)
Sirve para: Un manual de lectura de tarot de 2020, y leído en lo que se cita: pone un astro bajo el nombre de cada arcano mayor y enseña a usar el signo de la carta para fechar cuándo pasará algo (si sale el Emperador, el tiempo de Aries). Los doce signos coinciden con la tabla de Book T; en tres cartas se aparta sin decirlo: donde Book T pone un elemento, Reed pone al Loco Urano, al Colgado Neptuno y al Juicio Plutón. Su historia del tarot va de Italia en el siglo XV a Etteilla y a la baraja de Waite y Smith, y en ningún lugar del libro nombra a la Golden Dawn. Sirve como ejemplo de cómo llega hoy la convención: heredada sin autor y retocada sin aviso.
No sostiene: Documenta qué enseña un manual de 2020, no que sea cierto: la técnica de fechar con el signo de una carta es una predicción, y este sitio no la respalda. Es un manual, no el tarot de hoy entero: no prueba que todos los lectores usen esa tabla ni que ninguno cite su origen. Y no dice de dónde sacó Urano, Neptuno y Plutón, así que aquí tampoco se afirma quién hizo ese cambio. Tiene derechos vigentes.
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Historia
Estudios escritos después sobre esa tradición. No son documentos de la época: la cuentan desde fuera, con archivo y fechas, y tampoco prueban que nada sea cierto.
Greene
Greene, L. (2018). Jung's studies in astrology: Prophecy, magic, and the qualities of time. Routledge. doi.org (sitio externo)
Sirve para: Historia académica hecha con el archivo privado de Jung, y leída por partes: los apartados del capítulo 2 sobre Alan Leo y sobre la influencia de Jung (pp. 39-44 y 60-66) y la conclusión. Fecha qué astrología leyó Jung: tenía la segunda edición, de 1904, de Astrology for All de Alan Leo, y aprendió a levantar una carta con sus tablas, que anotó a lápiz (p. 41); en 1911 recibió su propia carta interpretada párrafo por párrafo con The Key to Your Own Nativity, también de Leo (pp. 42-44). A Leo le atribuye haber convertido la astrología en una herramienta de carácter y no de predicción (p. 39), que es lo mismo que sostiene, leído de primera mano, la ficha de Leo. Y separa la otra rama: Rudhyar se formó en la Arcane School de Alice Bailey, no con Leo, publicó The Astrology of Personality en 1936 en la editorial de Bailey citando a Jung, y Jung compró el libro pero no lo nombró nunca, ni en su obra ni en sus cartas (p. 66).
No sostiene: No es un documento de la época: es historia escrita en 2018, y documenta qué leyó Jung y cuándo, no que la astrología funcione. Su propia contraportada presenta a la autora como analista junguiana y astróloga profesional, así que de aquí se toman fechas, ediciones y archivo, no la valoración. No sostiene una línea directa de Leo a Rudhyar: el libro describe dos ramas teosóficas distintas que coinciden en citar a Jung. El experimento de Jung sobre los matrimonios aparece mencionado en lo leído, pero sin cifras y sin la crítica posterior, así que no sirve para ese estudio. Y en lo leído no aparece quién pasó del «eres» al «suele». Es, además, historia escrita desde dentro: Zeng y Fraikin (2025) sostienen que Greene, como Tarnas, pasa por alto la cautela epistemológica de Jung sobre la sincronicidad, aunque esa tesis la construyen con otros libros suyos; de este sólo dan el título, en la lista de los textos en que Greene discute la sincronicidad (p. 814), sin examinarlo. Tiene derechos vigentes.
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Zeng y Fraikin
Zeng, J. y Fraikin, N. (2025). Synchronicity in post-Jungian astrology: A cosmological quest. Journal of Analytical Psychology, 70(5), 808–824. doi.org (sitio externo)
Sirve para: Un estudio revisado por pares sobre cómo la astrología posjunguiana recibió la idea de sincronicidad, y leído por partes: el resumen y las pp. 809-810 y 814. Resume el experimento astrológico de Jung con las cartas de parejas casadas: los resultados no fueron estadísticamente significativos y la conexión era «merely chance» (p. 809, citando a Jung, 1952, par. 901). Y sostiene que Liz Greene y Richard Tarnas pasaron por alto la cautela epistemológica de Jung sobre la sincronicidad para dar a la astrología una cosmología; entre los textos de Greene que examina está el Jung's Studies in Astrology de este catálogo (p. 814).
No sostiene: Es historia y crítica de la recepción de Jung, no un estudio empírico: no mide nada, y el experimento de Jung lo resume de segunda mano, sin cifras. Y no es neutral respecto de la sincronicidad: el artículo termina proponiendo su propia vía hacia una «sincronicidad auténtica» en la astrología, así que de aquí se toma el diagnóstico sobre Greene y Tarnas, no esa propuesta.
Se publica gratis y sigue teniendo autoría
Liu y Stephenson
Liu, B. y Stephenson, F. R. (1998). A brief contemporary history of the Chinese calendar. Orion, 56(287), 33–36. doi.org (sitio externo)
Sirve para: La historia del calendario vigente, desde el final de los Ming hasta 1998, leída entera y contada por alguien que la hizo: Liu Baolin calculó durante años el calendario anual en el Observatorio de la Montaña Púrpura (p. 36). Más de cien calendarios a lo largo de la historia de China, muchos por razones políticas y casi iguales al anterior (p. 33); el Datong li de 1383, casi idéntico al Shoushi li que Guo Shoujing hizo en 1280; Matteo Ricci desde 1582, el Chongzhen lishu que empezó Xu Guangqi y terminó Li Tianjing, y Adam Schall von Bell, que lo tomó de base para el calendario oficial desde 1645 (p. 33). La entrega anual del calendario como ceremonia de Estado, según un testimonio de 1904 (pp. 33–34); el libro de cálculo reescrito hasta 1722, la corrección de sus tablas tras el eclipse de 1730 y el volumen explicativo de 1742 (p. 34); el gregoriano oficial desde 1912, los métodos occidentales desde 1914, la abolición formal de 1929 y la Montaña Púrpura desde 1949 (p. 35); y los calendarios que discreparon por seguir tablas imperiales viejas, en 1953, 1978 y 1989 (p. 36).
No sostiene: Es divulgación, sin notas y sin más documento citado que un libro de 1904, y uno de los autores es parte de la historia que cuenta: de aquí se toman la secuencia y las fechas, no un juicio sobre quién tenía razón. No trata nada anterior a los Ming salvo el Shoushi li, así que no sirve para las reformas antiguas. Las figuras son fotografías con derechos de terceros, y E-Periodica pide permiso para reproducir imágenes: se cita y se parafrasea, no se copia nada.
Con derechos vigentes
Chatley
Chatley, H. (1938). The date of the Hsia calendar Hsia hsiao chêng. Journal of the Royal Asiatic Society, 70(4), 523–533. doi.org (sitio externo)
Sirve para: La fecha del Xia xiao zheng, un calendario de faenas del campo que la tradición atribuye a la dinastía Xia, hacia el 2000 a.C., y leído entero: Chatley compara las estrellas que el texto pone en cada mes con el efecto de la precesión y concluye que casan con el cielo de hacia el 350 a.C., con un margen que podría llevarlo a 700 a.C. o acercarlo a los primeros Han, y que no puede ser de la época Xia (pp. 529–530). Sirve para decir que la antigüedad que la tradición le da a un texto y la que sostiene su astronomía no coinciden.
No sostiene: Es de 1938, y este sitio no tiene un estudio posterior que lo confirme o lo corrija: se cita como lo que concluyó Chatley, no como la fecha establecida. Él mismo advierte que los datos son toscos y que no permiten afinar más. Fecha un texto, no el origen del calendario chino, y su apéndice sobre el calendario del Yao dian no se usa aquí. Tiene derechos vigentes.
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Kostić y Šegan
Kostić, N. y Šegan, S. (2009). The Chinese calendars [Póster]. Publications of the Astronomical Observatory of Belgrade, 86, 355–360. publications.aob.rs (sitio externo)
Sirve para: Un resumen de seis páginas presentado como póster, y leído entero. Se cita para una cosa: que sitúa el uso de los doce animales para nombrar los años en los Han occidentales, en el siglo II a.C. (p. 359), y lo hace sin decir de dónde lo saca. Sirve para mostrar que esa fecha circula, frente a Aslaksen, que la deja abierta.
No sostiene: Tiene pocas referencias y varias afirmaciones sin cita, y en fechas contradice a fuentes mejor documentadas: da la adopción oficial del gregoriano en 1949 (p. 360), cuando Aslaksen y Liu y Stephenson la dan en 1912; pone el calendario Sifen en el siglo VIII a.C. (p. 358), cuando Aslaksen lo sitúa entre los años 85 y 263; y habla de registros astronómicos desde el siglo XXII a.C. (p. 356) sin respaldo. Donde choca con ellas, gana la otra fuente. No respalda ninguna fecha por sí solo, y no dice nada de lo que significa cada animal.
Se publica gratis y sigue teniendo autoría
Pauketat, Alt y Kruchten
Pauketat, T. R., Alt, S. M. y Kruchten, J. D. (2017). The Emerald Acropolis: Elevating the moon and water in the rise of Cahokia. Antiquity, 91(355), 207–222. doi.org (sitio externo)
Sirve para: La propuesta arqueológica, con sus palabras: en el Emerald Acropolis (Illinois, siglo XI), siete montículos (el 1, del 3 al 7 y el 12) siguen un eje que los autores llaman hipotético, a 53° de azimut, que coincide a menos de un grado con la salida más al norte de la Luna en la parada mayor que calculan para el año 1000 (053,01°; p. 215). Describen además las paradas como temporadas de uno a dos años (p. 214).
No sostiene: Es una inferencia, y el propio artículo lo escribe en condicional («suggest», «infer») y recuerda que el papel del ciclo de 18,6 años en las culturas antiguas está debatido (p. 213). No respalda ninguna cifra de la parada de hoy: su 53° está calculado para el año 1000, para el borde inferior de la Luna y con el horizonte real del sitio, que no son los supuestos de la demostración de este sitio. Y no dice nada sobre efectos de la Luna en nadie.
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