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Historia del calendario chino: de dónde salen sus reglas

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Si calculaste tu signo chino, la fecha de Año Nuevo que decidió tu animal salió de unas reglas que tienen fecha. Según Liu Baolin y Richard Stephenson —el primero calculó durante años el calendario anual en el Observatorio de la Montaña Púrpura—, las que se usan hoy son en lo básico las mismas desde 1645; lo que cambió desde entonces es con qué precisión se calculan el Sol y la Luna. Esta guía cuenta de dónde vienen esas reglas y quién calcula hoy el calendario, con lo que documentan las fuentes que leímos, y dice dónde esas fuentes no alcanzan.

Un calendario lunisolar, no lunar

Se le suele llamar «calendario lunar», y el matemático Helmer Aslaksen (sitio externo) insiste en que no lo es: su nombre chino, yīnyáng lì, quiere decir calendario lunisolar (p. 12). Los meses siguen a la Luna —cada uno empieza el día de la luna nueva— y el año sigue al Sol. Como doce meses lunares se quedan unos once días cortos frente al año de las estaciones, cada dos o tres años se intercala un mes de más, y el mes que contiene el solsticio de diciembre es siempre el undécimo, según explican Liu y Stephenson (sitio externo) (pp. 16–17). Aslaksen lo resume diciendo que es un calendario solar que usa el mes lunar como unidad, en vez del día.

Cómo se aplican hoy esas reglas para encontrar el Año Nuevo está explicado junto a la calculadora del signo chino. Esta guía se ocupa de otra cosa: de que no siempre fueron estas.

Más de cien calendarios antes del actual

Liu y Stephenson (sitio externo) cuentan más de cien calendarios a lo largo de la historia de China (p. 33). Muchos se introdujeron por razones políticas y apenas se distinguían del anterior; otros partían de mediciones nuevas de la duración del año o del mes. Y advierten que la palabra que se traduce por calendario, li, abarcaba más que el orden de los días: incluía los métodos para predecir el movimiento del Sol, de la Luna, de los cinco planetas visibles y los eclipses.

De esas reformas, Aslaksen destaca las que más pesan para entender el calendario de hoy (pp. 40–42):

  • 621 y 589 a.C. Antes de 621 a.C., el mes empezaba cuando se veía el primer creciente; después, con la luna nueva calculada. Desde 589 a.C. se intercalaron siempre siete meses cada diecinueve años, el ciclo que en Occidente lleva el nombre de Metón.
  • 104 a.C., la reforma Taichu. Hasta entonces el mes de más se ponía al final del año. Desde ahí va donde cae un mes sin término solar principal, y el mes del solsticio de diciembre queda fijado como el undécimo. Yuk Tung Liu (sitio externo), que reconstruye los calendarios de esa época, añade que antes el año empezaba en el que hoy es el mes 10, y que el año del cambio tuvo quince meses.
  • 619, la Luna verdadera. El calendario Wuyin fue el primero en medir los meses con el movimiento real de la Luna, que es irregular, y no con uno medio. Que salieran cuatro meses largos seguidos pareció demasiado, y en 645 se volvió a la Luna media; la verdadera se asentó a partir del calendario Linde, de 665.
  • 1280, el calendario Shoushi, de Guo Shoujing, que Aslaksen describe como el más preciso del mundo en su momento. Según Liu y Stephenson, el calendario Datong que usaron los Ming desde 1383 era casi idéntico (p. 33).

1645: el Sol verdadero, y un calendario calculado por jesuitas

Que el Sol no recorre su camino a velocidad constante se sabía en China desde el siglo VI, según Aslaksen (p. 42). Aun así, los términos solares —las veinticuatro marcas del año que deciden qué número lleva cada mes y cuál se intercala— se siguieron calculando con un Sol medio: el año se partía en veinticuatro tramos iguales, de unos 15,22 días. Desde 1645 salen del Sol verdadero, y el intervalo entre dos seguidos va de 14,72 a 15,74 días según la época del año (Liu y Stephenson, p. 17).

El camino hasta ahí lo cuentan Liu y Stephenson (p. 33). Matteo Ricci llega a China en 1582. Xu Guangqi, un alto funcionario convertido al cristianismo, empieza poco antes de morir, en 1633, una obra de cálculo calendárico basada en textos astronómicos occidentales, el Chongzhen lishu, que termina Li Tianjing. Y en 1644, el primer año de la dinastía Qing, el jesuita Adam Schall von Bell la toma como base de un método nuevo, con el que se calcula el calendario oficial desde 1645.

El cambio tuvo consecuencias que se veían. Con el Sol verdadero un mes puede contener dos términos principales, cosa imposible con el sistema anterior, y eso dio argumentos a sus detractores: Aslaksen cuenta que entre las quejas contra Schall estaba el calendario de 1661, que tenía un mes así (p. 44). Los jesuitas fueron detenidos en 1664. En 1669, tras una serie de pruebas de observación ganadas por Ferdinand Verbiest, el emperador Kangxi ordenó mover un mes intercalado de fines de 1669 a 1670, y según Aslaksen nunca antes se había cambiado así un calendario ya promulgado (pp. 45–46). Aslaksen añade una lectura suya, que conviene tomar como opinión: que los astrónomos chinos perdieron en parte porque calculaban para el Sol medio y se los juzgó con el verdadero (p. 47).

Lo que hizo durable esta reforma lo explica también Aslaksen (p. 13): desde 1645 las reglas se escriben en términos del Sol y la Luna verdaderos, y cómo calcular sus posiciones queda fuera de ellas. Los métodos de los jesuitas no eran exactos, pero no estaban fijados dentro del calendario, así que mejorar el cálculo no obligó a reformarlo otra vez. Liu y Stephenson cuentan esas mejoras: el libro de cálculo se reescribió por orden del emperador Kangxi y quedó terminado en 1722; un eclipse de 1730 mostró que sus tablas del Sol y la Luna se desviaban, se corrigieron hacia 1732 y en 1742 se completó el volumen que explica cómo usarlas; y en 1914 se pasó a métodos occidentales modernos (pp. 34–35). Las reglas, dicen en su otro artículo, no cambiaron (p. 16).

Por qué importa dónde se mide la medianoche

Un mes empieza el día en que cae la luna nueva, y el día empieza a medianoche. Cuando la luna nueva cae cerca de las doce de la noche, unos minutos de diferencia en el reloj de referencia cambian de día el comienzo del mes. Liu y Stephenson dan la secuencia de ese reloj (p. 16): durante los Qing y en 1912–1913, la hora solar aparente de Pekín; de 1914 a 1928, la hora media de Pekín; y desde 1929, la del meridiano de 120° este, ocho horas por delante del tiempo universal. Entre Pekín y 120° E hay unos catorce minutos (Aslaksen, p. 28).

En 1916 esos minutos decidieron el Año Nuevo. Yuk Tung Liu compara sus cálculos modernos con los calendarios oficiales de cada época y, entre 1912 y 2050, encuentra solo tres meses que empiezan en un día distinto —en 1914, 1916 y 1920—, los tres por ese cambio de reloj. En 1916 la luna nueva cayó a las 00:05 del 4 de febrero en la hora de 120° E, pero a las 23:51 del 3 en la de Pekín, y el Año Nuevo fue el 3. La calculadora de este sitio reproduce ese caso: sus fechas de Año Nuevo se contrastan con la tabla del Observatorio de Hong Kong, y 1916 solo coincide si se calcula con el meridiano de Pekín.

El mismo efecto partió una fiesta en dos en 1978. Según Aslaksen (p. 28) y Liu y Stephenson (p. 36), en Hong Kong circulaban calendarios sacados de unas tablas imperiales calculadas para Pekín, que ponían la luna nueva del octavo mes unos minutos antes de la medianoche del 2 de septiembre; la Montaña Púrpura la ponía unos minutos después. La fiesta del medio otoño, el día 15 de ese mes, se celebró en fechas distintas en China y en Hong Kong.

Quién lo calcula hoy

La dinastía Qing, la última de China, cayó en 1911, y en 1912 se proclamó la República de China. Según Liu y Stephenson, Sun Yat-sen anunció que desde el 1 de enero de ese año el calendario gregoriano sería el de todo uso oficial, y el tradicional quedó para las fiestas y la vida diaria (pp. 33 y 35). En 1929 se abolió formalmente, aunque se siguieron calculando los términos solares y las fases de la Luna, y la gente lo siguió usando; Yuk Tung Liu (sitio externo) añade que aquella prohibición no prosperó y se levantó en 1934. Desde la fundación de la República Popular China, en 1949, lo calcula el Observatorio de la Montaña Púrpura, en Nankín (Liu y Stephenson, p. 35).

Que hubiera un solo cálculo llevó más tiempo. En 1953 circularon en China dos calendarios que no coincidían en dos meses: uno salía de un libro de tablas de la época Qing, el Wannian shu, y otro de la Montaña Púrpura; después de eso el departamento del gobierno a cargo de las publicaciones ordenó usar solo los datos del observatorio (Liu y Stephenson, p. 36). Y en mayo de 2017, según Yuk Tung Liu, una norma nacional redactada por la Montaña Púrpura, la GB/T 33661-2017, fijó las mismas reglas con definiciones astronómicas modernas y dejó a ese observatorio a cargo de publicar cada año los datos oficiales. Con eso, escribe, el calendario chino volvió a tener una versión oficial.

Este sitio no toma esos datos: calcula las lunas nuevas y los solsticios con su propia biblioteca de efemérides, aplica las reglas y contrasta el resultado con la tabla del Observatorio de Hong Kong.

2033, el año que los calendarios ponían mal

Con el Sol verdadero hay años en que la regla del mes sin término principal no alcanza, porque un mes puede quedarse sin término sin que haya sitio para un mes de más. Aslaksen escribió su artículo por uno de esos años: según él, hasta comienzos de los noventa todos los calendarios chinos ponían mal el mes intercalado de 2033 (p. 2). El octavo mes de 2033 no tiene término principal, pero no es intercalado; el intercalado va después del undécimo (pp. 23–26), y Liu y Stephenson lo dan igual (p. 18). Por eso el Año Nuevo de 2034 cae en la tercera luna nueva después del solsticio y no en la segunda, que es lo que dan los atajos.

La regla que lo resuelve también tiene su historia. Yuk Tung Liu cuenta que en 1813 el mes intercalado se puso, como era costumbre, en el primer mes sin término principal, y eso dejaba el solsticio de invierno fuera del mes 11; tras una investigación que pidió el emperador, se trasladó a 1814 para que el solsticio quedara en su mes. Según él, la regla de que el solsticio manda quedó fijada probablemente después de ese caso, que no se repite hasta 2033.

Lo que estas fuentes no resuelven

Qué tan antiguo es. Los huesos oraculares muestran un calendario ya en el siglo XIII a.C., con años de hasta catorce meses, y hay fechas detalladas desde 841 a.C. (Aslaksen, p. 40). Más atrás, lo que hay es atribución. El Xia xiao zheng, un calendario de faenas del campo, se atribuye por tradición a la dinastía Xia, hacia el 2000 a.C.; Herbert Chatley (sitio externo) comparó en 1938 las estrellas que el texto pone en cada mes con el efecto de la precesión, y concluyó que casan con el cielo de hacia el 350 a.C. y que el texto no puede ser de la época Xia (pp. 529–530). Es un estudio de 1938, y no tenemos uno posterior que lo confirme o lo corrija.

El número del año. Aslaksen explica que la cuenta tradicional no era continua: los años se nombraban por el reinado y el ciclo de sesenta. Las cuentas largas que circulan arrancan en el Emperador Amarillo, en 2697 o en 2637 a.C. según quién, y los estudiosos modernos lo consideran una figura mitológica (pp. 37–38). Un número de año chino de cuatro cifras sale de una de esas cuentas, y hay más de una.

Desde cuándo hay animales. Aslaksen escribe que no está claro cuándo se asociaron las doce ramas a los doce animales, y que parece haber sido hacia la dinastía Tang (p. 36). Kostić y Šegan (sitio externo), en un póster de 2009, lo sitúan en los Han occidentales, en el siglo II a.C., sin decir de dónde lo sacan (p. 359). Con estas dos fuentes no se puede fechar.

Qué forma de contar el año es la buena. Algunas fuentes astrológicas deciden el animal por el lìchūn y no por el Año Nuevo. Ninguna de las fuentes leídas dice de dónde viene esa costumbre ni cuál es más antigua, y aquí no se decide.

Esta guía tampoco cubre los calendarios de Corea, Japón y Vietnam, que salen del chino y tienen su propia historia, ni lo que la tradición asocia a cada animal. Para ver qué año lunar te corresponde, y si la otra forma de contarlo te da otro animal, está la calculadora del signo chino.

Las fuentes de esta guía

  • Aslaksen, H. (2010). The mathematics of the Chinese calendar [Borrador del 17 de julio de 2010]. Department of Mathematics, National University of Singapore. gwern.net (sitio externo)
  • Liu, B. y Stephenson, F. R. (1998). The Chinese calendar and its operational rules. Orion, 56(286), 16–19. doi.org (sitio externo)
  • Liu, B. y Stephenson, F. R. (1998). A brief contemporary history of the Chinese calendar. Orion, 56(287), 33–36. doi.org (sitio externo)
  • Liu, Y. T. (2025). Calendar calculation. Conversion between Western and Chinese calendar (722 BCE–2200 CE). ytliu0.github.io (sitio externo)
  • Liu, Y. T. (2019). Rules for the Chinese calendar. Conversion between Western and Chinese calendar (722 BCE–2200 CE). ytliu0.github.io (sitio externo)
  • Chatley, H. (1938). The date of the Hsia calendar Hsia hsiao chêng. Journal of the Royal Asiatic Society, 70(4), 523–533. doi.org (sitio externo)
  • Kostić, N. y Šegan, S. (2009). The Chinese calendars [Póster]. Publications of the Astronomical Observatory of Belgrade, 86, 355–360. publications.aob.rs (sitio externo)
  • Hong Kong Observatory. (s.f.). Gregorian-lunar calendar conversion table [Tabla de datos]. hko.gov.hk (sitio externo)

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